1. Corrección postural
Intervenir a tiempo en la postura y el agarre es la medida más eficaz contra el dolor y las lesiones en la piel. Estos son los puntos que tendrás que observar:
Agarre asimétrico
El pezón debe dirigirse hacia el paladar blando (la parte más trasera de este, casi llegando a la campanilla).
El bebé no debe meterse el pezón «en línea recta» como si fuera una pajita. Debe abarcar una gran porción de tu areola, especialmente por abajo (con su labio inferior). Su barbilla debe estar en contacto con el pecho y su nariz también debe quedar apoyada o tocando suavemente la mama, con espacio suficiente para respirar. Si solo agarra el pezón o la punta de la areola, lo aplastará contra su paladar duro (el que está más hacia adelante) a cada succión, y la lactancia no os funcionará bien a ninguno de los dos.
Alineación corporal del lactante
Cabeza, hombros y cadera del bebé deben formar una línea recta, barriga con barriga, sin que tenga que girar el cuello para mamar.
El bebé tiene que estar totalmente girado hacia ti: su barriga contra tu barriga. Si el bebé tiene el cuerpo mirando al techo y el cuello girado, le costará horrores mamar bien y tirará del pezón para no perder el agarre.
Postura biológica (Laid-back breastfeeding)
Aprovechar su instinto y sus reflejos de búsqueda y agarre.
Consiste en recostarte hacia atrás y colocar al bebé boca abajo sobre tu pecho desnudo. La propia gravedad hace que su cuerpo se amolde al tuyo sin que tengas que forzar posturas con los brazos.
2. Causas clínicas
Si el agarre parece correcto pero el dolor no desaparece, los estudios señalan estos 4 problemas más frecuentes:
Mastitis (inflamación mamaria)
A veces el pecho se pone rojo, duro o muy caliente no por una infección bacteriana, sino porque los conductos se han inflamado y bloqueado (como cuando se colapsa una cañería por hinchazón del tejido).
Lo ideal es dejar que el bebé vacíe el pecho a su ritmo, aplicar frío local tras las tomas para bajar la inflamación (puedes escuchar a tu médico llamarlo edema)
Anquiloglosia (Frenillo lingual corto)
El bebé necesita sacar la lengua sobre la encía inferior para amortiguar el pezón mientras mama. Si el «hilito» debajo de su lengua es muy corto o rígido, la lengua no se mueve bien y el pezón acaba rozando y aplastándose contra el paladar duro del bebé a cada succión.
Requiere una valoración funcional por parte de una matrona o pediatra capacitado para evaluar si necesita tratamiento o ajustes de postura.
Vasoespasmo del pezón
Pasa cuando los pequeñísimos vasos sanguíneos del pezón se contraen de golpe y cortan el paso de la sangre por unos momentos. Lo identificarás porque el pezón cambia de color tras la toma (se vuelve blanco, luego azul o morado y finalmente rojo) y sientes un dolor punzante muy agudo, como si te clavaran agujas.
Evita que el pezón pase frío al salir de la boca del bebé. Aplica calor seco inmediatamente (con la mano o una compresa tibia) al terminar la toma
Disbiosis o Infecciones
En el pecho habitan bacterias «buenas» de forma natural. Si ese equilibrio se rompe, las bacterias no deseables u hongos (como la cándida) se multiplican, causando un dolor ardoroso o una sensación de «quemazón interna» continua. La fiebre es una de las señales de alarma más claras de que una inflamación en el pecho ha podido derivar en una infección bacteriana
Acudir a consulta para valorar un cultivo de leche y obtener un tratamiento específico.
3. Tratamiento de lesiones en el pezón
Si han aparecido grietas o heridas (o incluso si quieres prevenirlas) existen maneras fáciles de aliviar la piel.
Uso de la propia leche materna
Tu leche no solo alimenta, sino que actúa como una «crema natural» con defensas y aceleradores de la cicatrización para heridas superficiales.
En grietas leves o irritación inicial, extiende unas gotas de tu leche sobre la areola y el pezón al terminar la toma y déjalo secar unos minutos al aire.
Tratamiento con hidrogeles o conchas de alivio
Cuando la piel se rompe y hace costra, cada vez que el bebé se agarra vuelve a arrancar la costra y sangra. Mantener la zona hidratada y protegida evita que la herida se vuelva a abrir con la fricción.
Utiliza discos de hidrogel o conchas protectoras (que evitan el roce del pecho contra la ropa o el sujetador).
Preservación del manto lipídico natural
Los pequeños bultitos alrededor de tu areola segregan un aceite natural que limpia y lubrica la zona. Si lavas el pecho constantemente, eliminas esa protección y la piel se agrieta con más facilidad.
Evita lavar el pecho con jabones o geles antes y después de cada toma. La ducha diaria habitual es más que suficiente para mantener una correcta higiene.
Cada mujer, cada pecho y cada bebé son un mundo. Aunque estos consejos te puedan ayudar a entender qué pasa, no dudes en pedir cita en tu centro de salud si el dolor o las heridas no ceden, o si aparecen síntomas como la fiebre. Tu médico, matrona o enfermera están ahí para echarte una mano y valorar tu caso particular en persona.
Sobre Laura
Fuentes
Para respaldar la información con máxima rigurosidad y transparencia profesional, estas son las referencias científicas de instituciones y publicaciones de referencia utilizadas en este artículo.
Ver las citas completas
- World Health Organization (WHO). Infant and young child feeding: Model Chapter for textbooks for medical students and allied health professionals. Ginebra: WHO.
- Academy of Breastfeeding Medicine (ABM). Clinical Protocol #36: The Mastitis Spectrum, Revised 2022. Breastfeeding Medicine, 17(5), 360-376.
- Cochrane Database of Systematic Reviews. Positioning and attachment for breastfeeding or nipple pain/damage in lactating mothers. Cochrane Systematic Review.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Postnatal care guidelines [NG194]. Clinical Guidance on Infant Feeding and Nipple Care.